jueves, 11 de mayo de 2017

La incertidumbre produce monstruos



Fuente: Gil & Asociados / La Nación / Andrea Churba

Los seres humanos necesitamos tener cierto control sobre lo que va a pasar; en tiempos de cambio, incluso aunque contemos con señales que nos orientan, tendemos a rellenar los huecos de incertidumbre con inferencias, suposiciones y conjeturas.


Esas interpretaciones cargadas de ansiedad nos llevan a leer el contexto a la luz de experiencias conocidas y tremendistas, propias y ajenas: "Cuando se vendió la compañía en la que trabajaba antes, cambiaron a la mitad del personal", "En la empresa donde trabaja mi mujer les quitaron los beneficios que tenían".
En líneas generales, no hay ninguna razón lógica que ligue lo que pasó en otro lado, con lo que va a pasar, pero la emoción nos lleva a pensar y actuar como si eso fuera la "verdad".

Cuando las personas actúan con la certeza de que sus peores predicciones son ciertas, dejan que sus estados de ánimo decidan sus conductas. Si creen que no van a ser parte del futuro de la empresa, que no van a ser valorados, que no van a poder tomar decisiones, si creen que la industria para la que trabajan está en peligro de extinción, ¿para qué esforzarse? Es muy fuerte la tentación de tirar la toalla. Si se dejan ganar por el desánimo, es más probable que su profecía se cumpla y sean reemplazados por esos supuestos "conquistadores". Si creen que no van a poder tomar decisiones, y dejan de tomarlas, se las ceden a otros, y así se confirma su pre-juicio de que, en este nuevo contexto, van a perder su autonomía.


La incertidumbre produce monstruos. y contagia
Una vez más nos encontramos en un momento de cambios paradigmáticos. La incertidumbre despierta al monstruo de la ansiedad y el miedo. En los pasillos, en cada conversación, en cada almuerzo y reunión resuenan los rumores y las predicciones apocalípticas. La repetición alimenta al monstruo, y a medida que el miedo se contagia y se vuelve pánico.

Cada persona de la organización, y más aun quienes ejercen roles de liderazgo son responsables de desactivar al monstruo antes de que acampe a sus anchas en la cultura del equipo y de la organización

Para eso, primero tienen que controlar sus propios miedos y estar atentos para evitar contagiarse del pesimismo colectivo.

En tiempos de incertidumbre, todas las miradas se dirigen al líder, y lo que él o ella hagan y digan va a guiar la percepción y el humor de su entorno. Como todas las emociones intensas, el entusiasmo también es contagioso, y quienes conducen la transición tienen el poder para encausar la percepción y el sentir del equipo más allá de los temores del presente hacia la necesidad y los beneficios del cambio.

Creer que el lugar hacia donde vamos vale la pena, redimensiona el esfuerzo de hoy, trasciende las pérdidas, desdramatiza los monstruos y provee del combustible necesario para producir y sostener los cambios.

Instrucciones para quitarle poder al monstruo
El monstruo, como dijimos, es producto de una fantasía, una percepción distorsionada del contexto que no necesariamente se corresponde con lo que está ocurriendo. Por lo tanto, la única manera de quitarle poder al monstruo es ampliar la mirada para detectar evidencias que lo desmientan y hacer visibles las oportunidades que ya estaban presentes en el entorno y la emoción no nos dejaba ver.

Para liderar las propias emociones y las del equipo, es útil preguntarse:

  • ¿Qué estoy viendo, qué me hace sentir pesimista, enojado o desmotivado?
  • ¿De dónde salió esa idea? ¿Quién lo dijo?
  • ¿Con qué otro contexto lo estoy relacionando? ¿Aplica a lo que está ocurriendo hoy?
  • ¿Qué evidencias tengo de que eso que temo es lo que sin dudas va a pasar? ¿Qué señales o hechos validan mi punto de vista?
  • ¿Qué no estoy viendo? ¿Cuáles son las evidencias que pueden contradecir mis presupuestos?
  • Para tener el estado de ánimo que haga más altamente probable que suceda lo que quiero que suceda, me motive y me vuelva productivo, ¿en qué es útil enfocarme?

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